miércoles, 21 de diciembre de 2016

La Noche Mágica en el Tlahuicole

Nuevequincetlaxcala

Humberto Vázquez, la primera voz del estadio Tlahuicole se escuchó en el sonido local: -“¿Quién va hacer el campeón?”.
La respuesta de cinco mil gargantas fue al unísono -“¡Coyotes!”. No se equivocaron.
Apenas iniciaba el segundo tiempo reglamentario con empate a un gol entre Coyotes Tlaxcala y Freseros de Irapuato en la final de la Segunda División Premier, todos estaban con la esperanza del triunfo. 

La noche mágica en el estadio Tlahuicole se redondeó desde los once metros, en la misma portería sur en la que Linces de la Universidad Metropolitana de Tlaxcala se alzó con el título histórico de la misma categoría el 14 de diciembre de 2014.
En una noche mágica para el futbol tlaxcalteca, esta vez no hubo lluvia ni centellas ni frío.
Fue la noche de la fantasía, de goles de buena manufactura, de la pasión, de la fiesta y del carnaval.
Fue la noche en la que el balón produjo consecuencias de orden técnico desde el punto penal tras el empate global a cinco goles, con un arbitraje de altura a cargo de Víctor Alfonso Cácerez Hernández.
Una noche que ya se merecía la afición, el segundo título en dos años, este como parte del proyecto del saliente gobernador de Tlaxcala, Mariano González Zarur y que lo pone con medio boleto en la Liga de Ascenso.
Y desde las 15:00 horas, en la capital tlaxcaltecas hombres y mujeres se alistaban con su jersey de Coyotes para acudir al estadio.
En restaurantes, tiendas de autoservicio, tianguis sabatino, mercado, fábricas, comercios y hasta en las oficinas gubernamentales, solo se hablaba del juego de futbol de Coyotes.
Sin embargo, pocos eran los elegidos para asistir al estadio Tlahuicole, unos cinco mil 500 con boleto pagado.
Dos días antes del cotejo, la directiva del conjunto local, anunció que los boletos se habían agotado, así que era imposible presenciar el encuentro sin boleto.
Rafael Torre Mendoza, presidente del Club Coyotes, anunció que habilitaron pantallas en diferentes puntos de la ciudad para los aficionados que no pudieron conseguir un pase.
En las taquillas del estadio, había una leyenda que decía boletos agotados.
Otros aficionados optaron por seguir la final en la televisora local, y otros en cantinas y restaurantes por la televisión abierta y la radio.
Eso sí, la reventa estuvo a la orden del día.
La presencia de revendedores poblanos se hizo presente en las calles de acceso al estadio.
“¡Tienes boletos!”, preguntaban los revendedores en forma sigilosa a los aficionados, ante la presencia de elementos de la Comisión Estatal de Seguridad (CES).
Para la zona de plateas los boletos que estaban en 50 pesos, fueron revendidos hasta en 400 y 500 pesos. Hubo quien los pagó.
Desde la pantalla ubicada en el zócalo capitalino, se observaba a Ángel Bautista, como el motor del conjunto de Coyotes, que en media cancha, literalmente, volvió locos a sus contrarios.
La “Coyotomanía” permitió que algunas familias innovaran en la confección de coyotes de peluche que vendieron a las afueras del estadio.
Como Mónica Cabrera quien vendió unos 50 peluches en 100 pesos cada uno en menos de tres horas, lo que le permitió a su hermana que es madre soltera solucionar sus problemas financieros.
“Estoy muy contenta porque he vendido como 50 coyotitos, pero lo más importante es que nuestro equipo es campeón”, expresó la adolescente.
Para entonces, el estadio vibraba, todo era felicidad, las inmediaciones del terreno de juego fueron embellecidas con luces pirotécnicas que iluminaron el graderío repleto de aficionados.
El festejo de Coyotes se prolongó hasta las primeras horas de este domingo, los jugadores participaron en una caravana vehicular desde Chiautempan hasta la ciudad de Tlaxcala.
Y sí, en la noche mágica con feria de goles, en la que promovieron artículos del Club Puebla F. C. de la Primera División, la primera voz del sonido local, no se equivocó, Coyotes de Tlaxcala, es el campeón de la Segunda División Premier.

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